La eternamente prometida

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Hoy procastinando encontré este cuento que me encantó,

“Raquel era una chica muy atractiva, pero en vez de corazón tenía un puñal.

Sus padres querían casarla, y lo cierto es que nunca le faltaron pretendientes.

A ella le encantaba soñar con un hombre apuesto, que cumpliera todos sus deseos, pero aquellos que llamaban a la puerta de su casa siempre le resultaban decepcionantes. Que si muy bajitos, que si muy feos, que si demasiado pobres, que si demasiado ricos.

Raquel era cruel. Raquel, en realidad, no quería casarse. Durante años se burló de aquellos hombres que entraban a su habitación para darle regalos, y a los que ella rechazaba sin compasión.

Pasaron los años, hasta que los sonidos de los puños contra la puerta de madera de su casa dejaron de ser tan habituales.

Raquel miraba por la ventana confiada en que algún día aparecería alguien digno de su corazón.

Pero es que ya sabéis que Raquel no tenía corazón, tenía un puñal, y cuando una mañana soleada de primavera se miró al espejo para probarse su delicado vestido de novia, se dio cuenta de que ya era muy vieja.

De que a su alrededor no quedaba nadie.

De que siempre estaría sola.”

Me recuerda a algunas personas eternamente esperando al principe de su imaginación superficial, creyéndose las muy, muy y siendo nada finalmente.

Las tres Pascualas

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Esta leyenda no la conocía asi que la comparto, es una leyenda Chilena.

Las tres pascualas vivían en Concepción cuando recien comenzaba a existir esa ciudad del sur, allá por el siglo XIX. Las tres eran hermanas, jóvenes y lindas, se dedicaban a la lavandería, por lo que solían ir diariamente a lavar la ropa en una laguna cercana. Allí, entre lavado y lavado, cantaban canciones de amor. Y al caer la tarde, le pedían a la laguna que, por favor, les trajera el verdadero amor de sus vidas.

Un día vieron llegar por la orilla opuesta a un joven que, al verlas, se acercó hacia ellas y como buen chileno, trato de engrupirlas. Como todo zorron, decidio atinar con las tres hermanas, claro, sin que entre ellas se enteraran.

Las tres Pascualas regresaron a su casa en silencio, convencidas, cada una, de que el hermoso joven había venido por ella ¡solo por ella!, pobres… les falto ver tele.

Pero el chiquillo se las traia, convencido de que la haria de oro, comenzo a ir tooodos los días a la laguna a meterles conversa y convencerlas una por una. Llegaba por la mañana, ayudaba a la Pascuala menor a llevar la ropa a su cabaña, y en el trayecto, le declaraba su ardiente amor. Cuando la Pascuala mayor partía al pueblo a comprar las provisiones, enamoraba a la de al medio. Y cuando la menor preparaba la comida, juraba amor eterno a la mayor. Seco!.

Así, las tres Pascualas se enamoraron locamente. Como cada una se sentía la elegida, la ganadora no comentaban nada entre ellas para disfrutar en silencio y no causarle celos a la otra. Y, entonces, nuestro zorron protagonista, conseguido lo que queria de cada una, no volvió más. Esperaron en vano, hora tras hora, día tras día. Hasta que por fin, decidieron conversar de su pena y ahi se dieron cuenta que las habian engañado.

Muertas de pena, se internaron calladas en el agua, dicen que éstas se agitaron formando un remolino. Un temblor sacudió su fondo. La aguas se desbordaron, y al volver a su cauce, este tomó la forma de la luna en cuarto menguante.

Según cuentan los lugareños,desde entonces ciertas noches suelen verse las tres Pascualas, luego de luna llena, lavando y lavando en la laguna que lleva su nombre. Creen que sus aguas no son buenas y evitan su cercanía.

A veces pienso que las primeras teleseries fueron las leyendas…

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